Cada 21 de septiembre, Belice cobra vida para celebrar su independencia del dominio británico, alcanzada en 1981. Conocido durante mucho tiempo como Honduras Británica, el territorio fue colonia británica desde el siglo XVIII, moldeado originalmente por leñadores que extraían palo de tinte y caoba, y erigido sobre los ricos cimientos de la civilización maya que prosperó en la región durante miles de años antes de la llegada de los europeos. Tras décadas de movimientos de autogobierno liderados por figuras como George Price, considerado el padre de la nación, Belice obtuvo finalmente su plena independencia, convirtiéndose en el último país de Centroamérica en lograrlo.
Hoy en día, el Día de la Independencia es una de las festividades más vibrantes y significativas del calendario beliceño. Pueblos y aldeas de todo el país organizan coloridos desfiles llenos de música, danza y orgullo, celebrando no solo la soberanía de la nación, sino también la diversidad de culturas que conforman el Belice moderno.
Las calles se llenan de bandas de música, bailarines con trajes tradicionales y carrozas que representan a las diversas comunidades del país, desde los criollos y garífunas hasta los mayas y mestizos. La energía es contagiosa, con tambores, cantos y los colores nacionales —azul, blanco y rojo— presentes en cada rincón.